El parto en la perra y en la gata (VI).

Jueves, 4 de Septiembre de 2008

Gestación

¿Qué hago con los cachorros?

La vida y el desarrollo del feto en el útero están asegurados por la circulación de la sangre oxigenada de origen placentario ya que la circulación pulmonar es extremadamente reducida porque este órgano está completamente colapsado. Al nacimiento, la circulación toma rápidamente en el recién nacido los caracteres que conservará en el adulto. Sin embargo, el recién nacido nace normalmente apneico, es decir con la función respiratoria anulada, y ésta se vuelve en él una necesidad absoluta desde que los lazos vasculares que le unían a la madre se han roto.

La primera inspiración está gobernada por el centro respiratorio cerebral que es estimulado por las modificaciones sanguíneas consecutivas a la fisiológica falta de oxígeno que acompaña, al nacimiento, la interrupción de la circulación umbilical. Realmente, es el acumulo de CO2 en la sangre lo que induce la respiración en el recién nacido de la misma forma que en el adulto.

Cuando el feto nace en estado de muerte aparente es necesario desobstruir rápidamente las vías aéreas (retirando los restos de la bolsa fetal) y practicar la respiración artificial hasta que los movimientos respiratorios naturales se hayan establecido y normalizado. Se puede ayudar a ello masajeando la región torácica, ejerciendo tracciones rítmicas de la lengua, excitando mecánicamente la mucosa nasal, insuflando por los orificios nasales humo de tabaco o tocando la mucosa con una solución de vinagre. Una buena maniobra es la suspensión del recién nacido por las extremidades posteriores durante algunos segundos, ya que así la sangre venosa afluye al cerebro y el CO2 excita el centro respiratorio.

Cuando nacen los cachorros normalmente la madre corta el cordón umbilical, pero a veces esto no ocurre y deberemos ser nosotros quienes lo hagamos. Podemos hacerlo de dos formas. La primera es por tracción opuesta de las dos manos, una vez que el animal ya respire, mediante los dedos índice y pulgar de cada mano a unos 5 centímetros del cuerpo del cachorro y después de ligar con un hilo grueso el cordón umbilical cerca del ombligo y de exprimirlo para vaciarlo de sangre. La otra forma consiste en hacer dos ligaduras con un hilo en el cordón umbilical y cortarlo entre ambas con una tijera. Esta segunda forma es la menos aconsejable.

El recién nacido será colocado cerca de la madre, que lo lamerá quitándole las mucosidades de que está cubierto. Se le pueden quitar igualmente con fricciones secas.

Algunas hembras particularmente quisquillosas, susceptibles o malas rechazan a los cachorros y algunas llegan incluso a devorarlos. Esta agresividad puede ser de origen psíquico o estar ligada a ciertos factores de naturaleza secundaria como insuficiente eyección láctea y dolor en la succión.

Todos los cachorros deben mamar en las primeras 6 horas de vida con objeto de tomar el calostro o secreción de la mama en los primeros días tras el parto, lo que le aportará las defensas necesarias para sus primeras semanas de vida. En su defecto podemos utilizar calostros artificiales que se pueden adquirir en el mercado especializado.

Las tres necesidades básicas de los cachorros en sus primeros días de vida son calor, nutrición y cuidado materno. En el caso de cachorros huérfanos o repudiados por la madre deberemos proporcionárselos artificialmente.

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